MONTAIGNE Y EL DIÁLOGO INTERTEXTUAL

 

 

Es evidente que Montaigne elabora un trayecto intelectual a partir de otros textos. La herencia antigua en sus manos se transforma en un medio adecuado para hacerse comprender, le sirve para poner al espíritu a conversar consigo mismo.

Montaigne no lee a los antiguos para obedecerlos, sino para encontrar incitaciones. Toma ejemplos, citas, anécdotas del pasado, pero en la mayoría de los casos no se queda en ellos sino que los utiliza como una herramienta para ir más lejos.

La búsqueda de las fuentes que utiliza es una empresa difícil por su manera de escribir.  Casi nunca se sabe con certeza de dónde provienen sus citas, paráfrasis o temas. No tiene el espíritu de un científico ni de un erudito. Utiliza el lenguaje y los pensamientos de otros para su propio discurso y reflexión. Adopta fragmentos que “contamina” con extractos de otros autores. Por esto en sus Essais encontramos un ejemplo moderno y dialogante de intertextualidad, de actualización de ideas y de escritura. Sería como pensar dentro de una perspectiva cubista, como representar una esencia desde diferentes puntos de vista.

Montaigne dialoga con los antiguos, como Plutarco, San Agustín o Sócrates, pero también con sus contemporáneos, Du Bellay, Jean Bodin, Erasme o La Boétie. A la vez es un autor muy citado actualmente. Montaigne se renueva con el movimiento del pensamiento, siempre en evolución. Sus frecuentes interrogantes nos invitan al diálogo sincero, que para él es una fecunda y alegre ejercitación de la inteligencia. Aspira a una libertad total, solamente limitada por la razón y el sentido de responsabilidad.

Podríamos decir que Montaigne es una verdadera muestra de intertextualidad que se actualiza a través de sus diálogos constantes y la utiliza como un recurso de iniciación a la reflexión. O como diría Gutwirth: “C’est à travers autrui qu’il se comprend, c’est en lisant qu’il se connaît écrivain, c’est en écrivain qu’il se sent vivre. Tout le ramène à lui, mais c’est à condition de s’intéresser à autrui. Les hommes sont des réflecteurs. L’altérité le fascine »

Su pensamiento abierto y lejos de prejuicios, se presta a repensar los más variados aspectos de la vida. Se muestra intolerante sobre muy pocas cosas, en particular contar la presunción, la rigidez y la violencia.

Las motivaciones para escribir sus ensayos, edificantes, recreativas, de expresión y autoconocimiento, la movilidad de su pensamiento – para Montaigne, escribir es una manera de hacer visible el movimiento perpetuo de su espíritu: “Je suis toujours un autre” -, su estilo dialogante con otros textos y con el lector, su escritura nada pedante, directa y ejemplificada, lo conectan perfectamente con el público actual.

Marina Rodríguez Brià